miércoles, 27 de marzo de 2013

RETO: Espiral de relatos


Es una larga historia. Pero cuál no lo es. Si acortamos las historias es por necesidad, amenidad y compasión. Porque si quisiéramos remontarnos a los orígenes, regodearnos en los hechos y explayarnos en las consecuencias, cualquier historia podría ser interminable. Los orígenes más claros de lo que quiero hablar ahora están resumidos en el penúltimo párrafo de esta entrada: Los ecos silentes. Pero voy al tema, y como estoy ilusionado con el proyecto, me voy a permitir algún atrevimiento con el diseño de esta entrada. Ahí va:

PARA SITUAR
Como menciono en el enlace de arriba, una serie de circunstancias han terminado en un proyecto/reto literario entre Mario Larrá y el aquí escribiente, al que se ha unido además Abel Núñez, fichaje que añade mucho caché a la mezcla. [Voy a rebajar el nivel de atrevimiento...].

EL RETO
Muy sencillo, en realidad: se trata de escribir relatos inspirados en uno anterior. Uno escribe un relato. El siguiente lo lee y extrae algo -lo que sea- de dicho relato para escribir un relato diferente. Y así sucesivamente. Hasta que la muerte (o el hastío) nos separe. [Creo que esto ha sido más atrevido].

La PeRiOdIcIdAd
Un relato a la semana. Cada uno de nosotros tiene una semana para escribir su relato. La semana siguiente al anterior, básicamente. Y dejo de insistir porque no hay más que decir. [Ya paro con los atrevimientos. Que vienen los autores y ahí estoy yo].

LOS AUTORES
¿Quiénes somos? Pues unos joviales jovenzuelos amantes de la escritura siempre y cuando no haya que, efectivamente, escribir. Dada esta paradójica situación, sólo un reto como este puede obligarnos (un poco, porque no dejaremos de ser los mismos golfos) a ejercer este molesto placer. Menos concretamente, somos:
  • Mario Larrá. Escribe como habla. Es un mentiroso. Sentencioso. Disperso. Macarra suave. Poeta involuntario. Podéis haceros una idea de lo curioso que escribe en su blog: El detective de la triste figura. Además allí es donde subirá sus relatos.
  • Abel Núñez. Mordaz. Gordo. Sucinto. Surmano. No he catado suficiente material suyo para poder definir cómo escribe, pero una vez cayeron en mis manos una serie de minirelatos suyos sobre mujeres que me parecieron exquisitos. En su día fue anfitrión de un Guateque de gordas, y he oído que planea usar el mismo chalé para contarnos sus nuevas fiestas. 
  • Samuel Pérez. Elegante. Fino. Esmerado. Guapo. Agudo. Delirante. Da la feliz casualidad de que también soy yo. En realidad me han llamado pedante, pesado y retorcido, entre otros piropos. Escribo sobre todo en este blog que probablemente todavía no conoces: Cuentos para descontar.
EL INICIO
Mario Larrá ha dado el escopetazo de salida con su primer relato, Un evangelizador de ballenas, poniendo el listón bien alto desde el principio (hay un listón porque en el fondo de todo esto habrá pique, por lo menos por mi parte, que no lo puedo evitar). Tanto me gustó este relato que para venderlo escribí este elogio:
Este relato es TREMENDO, y las mayúsculas son justificadas. Tiene un estilo único -muy característico de la propia voz de Mario Larrá-, un tono muy fresco, y a la par mantiene cierta tensión melancólica. No sé hasta qué punto cuenta hechos reales o ficticios, pero se nota el poso de una verdad (más allá de la veracidad de los hechos), y eso ya es muy considerable. Además, el final es un remate exquisito que engrandece todo el cuadro. Creo que Mario ha conseguido transformar una anécdota en buena literatura. Casi nada. En definitiva, me deshago en halagos porque me ha maravillado.
¿Y ESTO CÓMO SIGUE?
Ahora es mi turno de continuar, presentando esta semana una nueva historia basada en algo (¡algo!) del relato mencionado. Y después le tocará a Abel. Y luego a Mario. Y de nuevo a mí. Y a Abel. Y vuelta a empezar. Y así hasta el infinito: Mario, Samuel, Abel, Mario, Samuel, Abel, Mario, Samuel, Abel, Mario, ... Lo que no se sabe es cómo ni dónde termina. Que sea lejos y con vosotros, amados lectorcetes.

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